Lo que no conté del 7 de octubre

7 de octubre, vaya fecha, la esperaba por un par de razones, como por ejemplo, el día del cambio, el que después de tantos años muchos esperaban pero que no llego, sin embargo, eso ya fue y he evitado emitir algún comentario al respecto, ya que del lugar de donde vengo es fácil herir susceptibilidades cuando de ideologías se trata, así que desde ese día intento aplicar una muy buena filosofía de vida: no hablar de política, religión y por las dudas, tampoco de preferencias sexuales.

Lo cierto, es que hace casi dos meses que pasó el 7 de octubre, el cual prefiero recordar por otra razón, y esa razón es que ese día tuve la maravillosa oportunidad de disfrutar de un espectáculo único, mágico, deslumbrante y cuanto adjetivo más quiera usted agregar a la lista, porque algo si les puedo decir con claridad, no hay palabras para definir lo que sientes después de ver al Cirque du Soleil.

Si, esa es la razón y la única razón por la que podré recordar aquel domingo lluvioso y frío, peculiar, cuando se supone que era “primavera”, pero la verdad es que les miento si le digo como debería estar el clima, apenas es mí segunda temporada en Buenos Aires.

Les cuento todo esto, porque debió ser más especial ese día, pero como ven estuvo lleno de muchas cosas, entre esas también debería mencionar que por pedir mar la parada caminamos  más de diez cuadras hasta la entrada del circo y por poco nos perdemos el inicio del show, de hecho pensé que ya había iniciado, porque en el escenario estaban todos los actores moviéndose de un lado para otro al ritmo de la música, hasta que de repente se apagaron las luces y una vocecita rara, como la de un robot mágico lleno de misterio, nos daba la bienvenida a “Varekei”.

Así empezó todo, y junto a las luces también se apagó todo lo que estaba afuera,  desde el sonido de los aviones, los tweets con noticias de las elecciones en Venezuela, hasta la histeria de los inchas del River tras vencer 5 a 0 al Godoy Cruz; nada absolutamente nada, podía interrumpir ese momento, cuando desde lo más alto de la carpa descendió Varekei con sus alas rotas para sumergirnos a todos los presentes en su fabulosa historia.

Todo era tan perfecto, el vestuario exótico de los actores, cantantes y miembros del equipo de utilería; la música en vivo, vibrante, cargada de sentimientos y emociones; el escenario perfectamente diseñado para facilitar el desarrollo de la historia; la ejecución de las acrobacias, los bailes y malabares, todo impecablemente pensado para no despegar ni un segundo la mirada del escenario.

Hasta ahora, creo que ha sido una de las cosas más espectaculares que he visto en mí vida, donde se suma creatividad, ingenio, talento, imaginación, para vivir la “experiencia” de un circo nada tradicional.

Acerca de Marly

Licenciada en comunicación social mención audiovisual, Master en diseño y especialista en Marketing Digital
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