Foodie

Yo ❤ Café

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Mi historia con el café inicio a muy corta edad, no sabría especificar si fue a los 3 o los 4 años, de lo que si estoy segura es que seguramente balbuceaba unas cuantas palabras, y obviamente ni idea de los efectos que producían la cafeína, sin embargo, cuando ya tenía un poco más de conciencia estaba segura que esa bebida negra me fascinaba y odiaba que mi mamá se empeñara en  agregarle leche para que no me hiciera mal, lo cierto es que, desde que tengo conciencia el café ha estado en mí vida.

Capaz es pura coincidencia, pero siempre asociaré mi amor por la cafeína a mi Tata (mi abuelita paterna) ella era adicta –como lo soy yo ahora- y hacia el mejor guayoyo que existió en la tierra, umm cierro los ojos y casi casi puedo revivir el sabor, el aroma y vienen millones de recuerdos de tardes de novelas, de encuentros entre primos, las vacaciones en la playa,  y las tantas veces que imagine que me iría lejos algún día mientras disfrutaba de mi taza de café.

Lo que nunca anticipé es que mí trabajo me acercaría mucho más a esta bebida, que según cuenta la leyenda, fue gracias a unas cabras que no estaban locas, sino pasadas de cafeína, que hoy podemos disfrutar de sus bondades.

Y de a poco el mundo del café se fue abriendo para mí. De sólo saber que crecía en un arbusto y se tostaba, a descubrir que ésta planta tiene dos variedades y que requiere de unas condiciones climáticas particulares para crecer, por ello sólo se cultiva en ciertos lugares del mundo como: Colombia, Brasil, Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Kenya, Etiopía, Indonesia, por citar algunos países.

También aprendí que  aunque yo sólo conocía un colador de tela y la popularmente llamada Greca (bolturno y/o cafetera italiana) existen otros métodos de preparación como la prensa francesa,  Chemex, el aeropress o la súper máquina de Nespresso, con las cuales se pueden hacer tazas de café tan distintas según lo que quieres resaltar del grano que uses.

Descubrí que le café se cata, y es una experiencia increíble tener que descifrar aromas y sabores, de un líquido negro y sabroso con el cual iniciaba mis mañanas. De hecho, hay gente tan apasionada que se convierten en sommelier de café, y existen granos tan exóticos que sólo una taza puede costarte un ojo de la cara.

Pero toda esta devoción no sería posible sin el arduo labor de aquellos que se encargan con sus manos de cultivar, seleccionar y recolectar grano por grano, para que en el más recóndito lugar del planeta, podamos disfrutar de una tacita de café.

Así mismo, pasarán los años y seguiré descubriendo más aspecto interesante de esta hermosa bebida. Pero, siempre que cierre los ojos y sienta ese dulce aroma del café recién colao, será a ti mi querida tata a quien recordaré.

 

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