Foodie

¡Fácil, dulces y espojoncitos: budines!

No soy muy buena haciendo postres, de hecho lo mejor que hago es el tiramisú (porque no tienes que hornear nada ) pero resulta que hacer budín es muy sencillo, rico e ideal para las meriendas caceras.

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Soy fanática de la cocina, me encanta comer rico y por eso siempre (bueno, cuando tengo tiempo e inspiración) me gusta poner a prueba mis habilidades. Nunca he hecho un curso de cocina –aunque está en mis planes futuros- así que cero técnica, mucha pasión y suerte (porque aunque tenga pinta es hasta que pruebas que sabes si sabe bien).

Sin embargo los dulces, honestamente, no son mí fuerte, pero,  a veces las ganas de intentarlo pueden más y sale el experimento. Suerte que con las redes sociales, hay buenos cocineros que comparten sus recetas con su audiencia, y espero que lo sigan haciendo, porque además de inspirar dan ideas a los amateurs.

Budín de banana
budín de banana

Ésta vez elegí recetas de budín. Primero me tenté con la receta que compartió @matsanmillan de un budín de banana, vi el post y se me hizo agua la boca, tenía todos los ingredientes que necesitaba a mano (harina, banana, leche, huevo) y tiempo libre para intentarlo.

Me quedó tan lindo, que en serio me sorprendí a mí misma y para ponerle el toque me fui por un ¼ de helado de chocolate y amargo y crema americana #Gorditafeliz.

Como la primera experiencia fue buena, después me topé con otra receta pero esta vez de @elgordococina y la foto espectacular de ese budín de frambuesa que me hizo babear. No encontré frambuesa pero si arándanos, llovía, tenía las ganas y manos a la obra, mí segundo budín salió del horno #MasFelizImposible.

Así que, mí recomendación como siempre es que intenten e intenten porque cocinar es divertido y disfrutar de algo hecho por ti es una gran satisfacción.

PD: para las recetas  sigan las cuentas que mencioné más arriba 😀

 

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Cuando lo que cocinas queda como el programa de Netflix #Uglydelicious

Recientemente he disfrutado de la saga de David Chang y me encantó el nombre del documental, porque, creo que a todos nos ha pasado disfrutar de riquísimas comidas que sólo se pueden juzgar cuando las pruebas.

Cocinar sin duda se ha convertido en una actividad que realmente disfruto, 1 porque me encanta comer rico (y a quién no ¿? ) y 2 porque he encontrado en la cocina un espacio de desconexión total, donde además, pongo a prueba mis habilidades de hacer cosas que jamás había hecho.

Aunque no les voy a mentir, hay días que tengo tanta flojera (fiaca) que el delivery es tan tentador como ponerle al agua caliente una sopa de sobre. Pero, en líneas generales trato de esforzarme, pues: barriguita llena de cosas rica, gorda feliz.

Lo que mas me ha motivado a ponerle garra a la cocina ha sido: la necesidad de volver a sentir sabores de mí tierra (porque soy venezolana y vivo en Buenos Aires). Me deprime la comida sin gracia, y porque tengo de novio a otro gordito más que no se ha terminado el desayuno cuando te pregunta “qué vamos a cenar”.

He tenido un par de días libres, y cuando estoy con tiempo libre, nada es demasiado complicado como para intentarlo. Así que me maté el antojo espontáneo y preparé, por primera vez, dos recetas súper sencillas y aunque visualmente no ganaron un lugar en mí perfil de Instagram (pueden seguirme si quieren en @Marly_oc) me dieron una alegría al deborarlas.

La primera receta que intenté fueron unos churros, es que hacía un frío tremendo, y lo primero que vino a mí mente fue

 “que ganas de comer churos”,

y luego “pero, a dónde voy por ellos”,

 lo siguiente “Google: cómo hacer churros” “awwww, pero es fácil”

Era tan fácil como una taza de agua, una taza de harina de trigo, un poco de sal, aceite y azúcar. Pero adivinen qué… Arruiné la primera mezcla, porque aunque no soy experta en asuntos culinarios, decidí que era “como muy poquito” esa cantidad de agua.  Jajaja- pero estimo que así son las cosas cuando uno experimenta. Al final repetí la mezcla y voila, maté el antojo.

La segunda receta, muy rica pero poco fancy, fue un pastel de papas. Esta llegó de pura casualidad, pues, cuando mandas a tu novio hacer las compras de vegetales y no es muy ducho en el asunto, de repente llega con 2kg de papas para  2 personas. Y miren que amamos las papas en todas sus versiones. Sin embargo, era casi misión imposible terminar con ellas y el temor más grande era tener que tirarlas (odio botar comida, más cuando hay personas que no tienen que comer).

Y en una haciendo el desayuno pienso en voz alta y en pánico – “se van a dañar, qué vamos hacer con tatas papas”

salió José – “un pastel de papas”-

 y yo: “y con qué se come eso”

Pues si, algo que puede ser tan cotidiano jamás lo había probado y pensé que iba hacer una tarea difícil, ideal para días de vacaciones encerrado en casa porque no tienes ni un peso para largarte a una playa caribeña en pleno otoño cuando la temporada es baja- en fin, como Google lo encuentra todo, nos vimos un video y dos días después llegó el pastel de papas a la mesa.

Era tan sencillo como hacer un puré, cocinar carne molida (carne picada), hervir unos huevos. Hacer un colchón de puré, colocar la carne y el huevo, otra capa de purué, queso y al horno. Ah! y en esta receta no dañé nada.

Ahora les dejo la muestra de mis creaciones no muy gratas a la vista, pero con gran sabor 😀

 

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Yo ❤ Café

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Mi historia con el café inicio a muy corta edad, no sabría especificar si fue a los 3 o los 4 años, posiblemente balbuceaba unas cuantas palabras, y obviamente ni idea de los efectos que producía la cafeína, sin embargo, cuando ya tenía un poco más de conciencia estaba segura que esa bebida negra me fascinaba y odiaba que mi mamá se empeñara en  agregarle leche para que no me hiciera mal, lo cierto es, que desde que tengo conciencia el café ha estado en mí vida.

Capaz es pura coincidencia, pero siempre asociaré mi amor por la cafeína a mi Tata (mi abuelita paterna) ella era adicta –como lo soy yo ahora- y hacia el mejor guayoyo que existió en la tierra, umm cierro los ojos y casi casi puedo revivir el sabor, el aroma y vienen millones de recuerdos de tardes de novelas, encuentros entre primos, vacaciones en la playa,  y las veces que imagine que me iría lejos algún día.

Lo que nunca anticipé es que mí trabajo me acercaría mucho más a esta bebida, que según cuenta la leyenda, fue gracias a unas cabras que no estaban locas, sino pasadas de cafeína, que hoy podemos disfrutar de sus bondades.

Y de a poco, el mundo del café se fue abriendo para mí. De sólo saber que crecía en un arbusto y se tostaba, a descubrir que ésta planta tiene dos variedades y que requiere de unas condiciones climáticas particulares para crecer, por ello sólo se cultiva en ciertos lugares del mundo como: Colombia, Brasil, Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Kenya, Etiopía, Indonesia, por citar algunos países.

También aprendí, que aunque yo sólo conocía un colador de tela y la popularmente llamada Greca (bolturno y/o cafetera italiana) existen otros métodos de preparación como la prensa francesa,  Chemex, el aeropress o la súper máquina de Nespresso, con las cuales se pueden hacer tazas de café tan distintas según lo que quieres resaltar del grano que uses.

Descubrí que le café se cata, y es una experiencia increíble tener que descifrar aromas y sabores, de un líquido negro y sabroso con el cual iniciaba mis mañanas. De hecho, hay gente tan apasionada que se convierten en sommelier de café, y existen granos tan exóticos que sólo una taza puede costarte un ojo de la cara.

Pero toda esta devoción no sería posible sin el arduo labor de aquellos que se encargan con sus manos de cultivar, seleccionar y recolectar grano por grano, para que en el más recóndito lugar del planeta podamos disfrutar de una tacita de café.

Así mismo, pasarán los años y seguiré descubriendo más aspecto interesante de esta hermosa bebida. Pero, siempre que cierre los ojos y sienta ese dulce aroma del café recién colao, será a ti mi querida tata a quien recordaré.

 

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Salen alemanas con papas y chucrut

Cuando algo te tienta, que nada te detenga

Adentrarse en el mundo de la gastronomía puede ser una gran aventura, más si el resultado nos lleva a disfrutar de una buena comida, y en casos descubrir que tienes la capacidad de hacer ricos platos que jamás pensaste, psalschicasues, es fácil creer que la buena comida sólo se consigue en lujo

sos restaurantes o comprando ingredientes extremadamente inaccesible para el bolsillo de cualquiera, hasta que un día te cansas de repetir los mismos platos y comienzas asentir el impulso de tomar riesgos.

Hace un par de días, pasé por 4 quesos (un lugar increíble para comprar embutidos y conseguir ingredientes para armar una picada o llevarte alguna extravagancia a casa pues venden productos que no se consiguen marcas que no están en los supermercados o chinos) a comprar queso, jamón, etc, lo típico que necesitas para el día a día y no pude despegar la vista de una de las neveras/heladeras, y ahí estaban esas hermosas salchichas alemanas que me decían “cómprame, cómprame” , y cuando se trata de comida, soy muy fácil de ceder y vinieron conmigo a casa también, aunque no tenía muy claro si las iba a comer tipo hot dog/ perro/pancho, o más bien  probar alguna otra manera de prepararlas, de modo que, recurrí a Google para buscar inspiración y puff  vino la revelación salchichas alemanas al grill, con tomates cherry, cebolla, papas estilo brava y Chucrut, ummm! perfetc match

Awww! pero,  nunca en la vida había hecho chucrut, lo más que sabía es que era una preparación a base de repollo que queda genial con las salchichas, pues las probé en unos perros bien criminales (excesivamente sabrosos sería más o menos la definición de “criminal” en este contexto), ya no había marcha atrás así que tocó experimentar, para mi sorpresa no era tan complicado realizar éste -como llamarlo- acompañante/aderezo  típico de la comida alemana, polaca y rusa.

Sólo necesite de cebolla, repollo, vinagre, sal y pimienta. Debo confesar que los primeros olores que salían producto de la cocción del vinagre no fueron de mí agrado, pero el resultado si que valió la pena, y una vez listo mí chucrut, saltee unas papas, cocine las salchichas y a disfrutar de un delicioso plato, lo único que me falto fue una buena cerveza para la perfección,  igual aún es que quedan días fríos para comidas potentes.

 

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Vamos por los rolls

20170215_220319Estar lejos de casa te hace descubrir sabores y nuevas preparaciones, de modo que, la dieta va mutando poco a poco, hasta que llega un punto que te resignas a seguir extrañando y disfrutas de los productos que tiene a la mano, sin embargo, hay días que te ataca el antojo y muchos no son tan fáciles de matar.

Entonces no queda más remedio que experimentar para volver a tener una probadita de esa comida y/o postre que has añorado, y pones manos al teclado para buscar la receta, el tutorial de YouTube o un blog que explique paso a paso como realizar esa preparación.

Mí antojo esta vez fueron unos rolls de canela, un postre típico de los Estados Unidos que no es mas que un pan que se hace en forma de rollo con azúcar y canela. Se puede comer caliente, frío, sólo, bañado en chocolate o glaseado; el cual podía conseguir fácilmente en una famosa franquicia de Caracas, que lamentablemente no se encuentra en Argentina.

Así que, me puse manos a la masa  y gracias a la receta que cargó Gisell en su blog (quien te explica de manera sencilla a preparar este rico postre con glaseado y todo) pude saborear nuevamente éstos rollitos de canela.

La verdad es que una experiencia satisfactoria ir uniendo los ingredientes y ver como se logra la magia, y la recompensa viene al final cuando has terminado tu plato, te sabe a gloria por la nostalgia y por haberlo hecho tu mismo.

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Una tarde de pastelería al son del verano

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clase demostrativa por Jessica Lekerman en MOOI

En mi curiosidad por la cocina, descubrir sabores, aromas, olores, combinaciones me animé a descubrir procesos que puedan llevarme a otro plano en mí afición por lo gastronómico, así que no lo pensé dos veces y me anoté en la clase demostrativa de pastelería de Jessica Lekerman en MÖOI.

Sigue leyendo “Una tarde de pastelería al son del verano”

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Descorcha, prueba y disfruta

Vino, Baño y Venus desgastan el cuerpo pero son la verdadera vida”

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 Observar, oler, sorber… Tres pasos simples que te abren las puertas a un mundo de sensaciones, donde el olor a madera, los frutos secos o las esencias pueden ofrecerte una momento única, por eso, cada vez que se descorcha una botella de vino, es como si iniciaras una nueva aventura.

Es que cada botella tiene su propia historia, sus raíces y manera de ser, por ejemplo un Merlot, un Malbec o un Espumante así sean del mismo punto geográfico, nos brindarán una experiencia particular y un gusto en el paladar, característica de cada bodega y tradición con la cual se concibe esta exquisita bebida. Sigue leyendo “Descorcha, prueba y disfruta”

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Cómo comer pizza sin remordimiento durante la dieta

Hacer dieta no tiene porqué ser una tortura, si cocinas con ingenio y combinando de manera adecuada los alimentos que tienes permitido ingerir

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Fotos de: José Hidalgo

Comer es uno de los mejores placeres de la vida, sólo que a veces nuestros excesos con ciertos alimentos ocasionan deterioros en nuestra salud, impidiéndonos poder disfrutar de nuestros manjares favoritos y toca hacer dieta para poder bajar esos niveles de colesterol y los kilitos de más que llevamos encima. Sigue leyendo “Cómo comer pizza sin remordimiento durante la dieta”